A la caza de la codorniz

Un año mas, nos frotamos las manos esperando ir a la caza de la codorniz, que ya se encuentra en nuestros campos, huyendo del calor extremo del norte de África.

De nuevo, comienza la liturgia de preparación de todo lo necesario para disfrutar de unas, esperemos que buenas, jornadas de caza. Limpieza de escopetas, abastecimiento de cartuchos y salidas con los perros a los lugares habilitados por algunas Comunidades Autónomas, para que éstos se fogueen y “vayan calentando motores” para el día de la apertura.

Al igual que otros años, se suceden las mismas actividades, visitas al coto para ver las fincas, si se ha plantado trigo, cebada, maíz y también para saber cómo va la recogida del trigo, si este año se habrá recogido para el día de la apertura o aún quedarán fincas por cosechar.

Otra de las preguntas habituales a la gente que vive cercana al coto es si han oído cantar codornices y la pregunta obligada a los conductores de la cosechadora: ¿Ha levantado muchas con la máquina?

En atención a la climatología que hemos tenido este año, parece que el agua no va a faltar y ello es muy beneficioso para la población de codorniz, debemos recordar que la época de cría se hace en la Península, y las primeras polladas, nacen aquí, por lo que la existencia de agua en arroyos, ríos, estanques, etc… resulta fundamental para que la codorniz crie en óptimas condiciones y salgan adelante el mayor número de pollos.

Otro de los factores a tener en cuenta, y que sin duda influye en la población de codorniz, es el trato que se dispensa al pájaro en el norte de África. Sabemos que se les dispara a posado en zonas desérticas y que se instalan redes en las zonas de paso de la codorniz antes de su migración a la Península.

Además de ello, no debemos olvidar las fincas que se dedican al cereal, sin duda el trigo es el principal reclamo de la codorniz, es fuente de alimento fundamental, su falta de siembra puede provocar que el pájaro decida abandonar dicha zona y buscar zonas de mayor abundancia con el consiguiente descenso de población.

Otra circunstancia en la que no nos cansaremos de incidir es la altura de los rastrillos de las cosechadoras.

Ya hace algunos años, vengo observando que cada vez se baja más el rastrillo de la cosechadora con lo que el pajote queda casi a ras de suelo. Consecuencia de lo anterior es que la codorniz tiene menos defensas frente a sus depredadores naturales a la vez que queda muy expuesta a los rigores del verano.

Si a ello le sumamos la “costumbre” de recoger el pajote cortado nada más cortarlo, la finca se queda como un erial y la codorniz es presa fácil de rapaces, zorros y otros depredadores que se harán con huevos, pollos jóvenes y adultos.

En definitiva, y, a pesar de todas las dificultades que año a año se presentan a esta ave galliforme, confiemos en que sea puntual a su cita con nuestros campos y tengamos una fabulosa temporada de caza menor, sin duda una de las modalidades de caza menor mas bellas.

 

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