Guarda de caza dando el stop

El furtivismo en la caza

Antecedentes del furtivismo en la caza.

El problema del furtivismo en la caza ni es nuevo, ni parece que haya forma de erradicarlo definitivamente. Todo lo contrario, cada día nos levantamos con alguna noticia relacionada con el mismo, y de mayor entidad.

Ya en textos de la Baja Edad Media encontramos alusiones a las penas a imponer a quienes, sin el debido permiso, abaten reses y animales en general, en montes y campos, por lo general, propiedad de reyes y grandes señores de la época.

Actualmente, tal y como nos cuentan los agentes medioambientales de Andalucía, la situación no ha cambiado y los amantes de lo ajeno siguen haciendo de las suyas, con absoluto desprecio de los propietarios de los cotos en que se abaten animales y aves y con un ensañamiento sobre la fauna, absolutamente desmedido, colocando cebos envenenados (que no discriminan la especie que los ingiera) los lazos, que tampoco, trampas, etc.. provocando una auténtica matanza de cualquier especie, protegida o no.

En la Edad Media este tipo de conductas tenía su explicación pues el campesino de entonces no tenía nada que echarse a la boca y debía mantener una familia, siendo el Señor de la época quien era el propietario de los terrenos y sus animales. Así, la caza, era una fuente de alimentación importante para los más desfavorecidos. No obstante, la situación ha cambiado absolutamente y no creo que nadie cace para comer. Siendo así, ¿cuáles son los motivos que llevan al furtivismo?

Por un lado, la venta de los propios animales y sus defensas, lo que reporta un inestimable ingreso económico.

El autoconsumo y la propia satisfacción del furtivo.

La organización de batidas y recechos ilegales a cambio de una compensación económica.

Organizaciones mafiosas de furtivos.

Actualmente, la actividad furtiva ya no se limite a dos o tres “salaos” que pretenden hacer el agosto a costa del colectivo de cazadores (ellos, no lo son) nos encontramos ante auténticas mafias que han encontrado en la actividad cinegética un auténtico filón y que, además, cuenta con escasa vigilancia, contando para sus fechorías con muy buenos rifles, mejores visores y un sinfín de aparatos de alta tecnología para la localización, seguimiento y caza de sus presas.

La escasa vigilancia de los cotos y zonas de explotación cinegética y la existencia de grupos perfectamente organizados para la matanza de animales (que no caza) plantea un serio problema que, al final, lo pagaremos los mismos.

A éstos deben dirigir sus miradas los “animalistas” y no a quienes legalmente ejercen una afición, que además, contribuye a la protección del medioambiente y a la creación de riqueza.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *