Los valores de la caza

Mis primeros recuerdos como cazador

Los valores de la caza comienzan en mis primeros años aún de morralero. Aún recuerdo la noche anterior a un día de caza en que acompañaba a mi padre con escasos 8 o 10 años. Esa noche me costaba dormir y al día siguiente, me levantaba como si tal cosa, brincando y saltando como los perros.

Aquellos días de caza acompañando a mi padre y a algunos tíos, que también cazaban, me fue enseñando una serie de valores que aún hoy, sigo manteniendo pues me fueron inculcados a fuego en una edad en que todo se nos queda de forma más fácil.

Las primeras cosas que aprendí de niño yendo de caza era la camaradería y el trato con los compañeros. Una vez comenzada la jornada, se aparcaban los problemas y sólo hablábamos de lances, perros, dobletes, etc…

Esa camaradería se demostraba de muchas formas, perdiendo tu propio tiempo de caza ayudando a un compañero a buscar una pieza que no encuentra, dejando que tire tu amigo antes que tú por que tiene mejor posición o simplemente porque no ha colgado nada ese día…etc…

Además, aprendí a amar la naturaleza, a conocer algunos secretos de la misma, a distinguir árboles, matorrales, plantas, siembras, machos, hembras, y en general casi toda la fauna y flora que podemos admirar en España.

Aprendí a respetar a los animales, sus ciclos biológicos, sus rastros, a no tirar hembras preñadas, ni crías, ni pollos, a evitar el sufrimiento de los animales, acabando con su vida cuando estaban fatalmente heridos.

A respetar las siembras, y a quienes viven de ellas.

Aprendí a que una buena charla con los compañeros de cacería puede ser mucho más gratificante que haber colgado varias perdices, o abatido no sé cuántos jabalíes.

Aprendí, en definitiva, que ir a cazar no es lo mismo que ir a matar animales, que la caza es mucho más que eso, que incluye el respeto por la naturaleza, su flora y su fauna y la camaradería que se crea con los compañeros de cacería. Quizá muchos de estos valores se estén perdiendo, sin embargo, los que tenemos unos años, aún los mantenemos y deberán calar en todos, jóvenes y viejos.

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